Origen de Estella (1). 

 

Tierra Estella en la Historia.

 

Este trabajo trata sobre el origen de Estella, su Fuero y su nombre, así como la relación que en origen tuvo Estella con Lizarra. Debido a su extensión lo dividiré en tres partes: 1) la historia de lo que hoy conocemos como Tierra Estella, origen del reino de Navarra; 2) el fuero que propició el nacimiento y desarrollo de la ciudad; y 3) el significado y relación entre los nombres de Lizarrara, Lizarra y Estella. 

 

 

Mosaico de las Musas, hoy en el Museo Arqueológico Nacional, hallado en Arellano, cuya villae romana puede visitarse. El nombre lo recibe de las musas, acompañadas de sus maestros, que se representan en cada uno de sus compartimentos: Calíope, musa de la oratoria, acompañada por Homero; Terpsícore, musa de la danza, acompañada de un joven; Melpómene, musa de la tragedia; Talía, musa de la comedia, acompañada de Menandro; Euterpe, musa del canto; Clío, musa de la historia, acompañada de Cadmo; Urania, musa de la astronomía, y un compartimento no identificado por su mal estado de conservación.

 

Julio Caro Baroja (Los pueblos del Norte) opina que la romanización entre los vascones meridionales «fue tan intensa como la de la zona que más de la Península», estableciéndose entre ambos pueblos una relación fructífera y pacífica: en la documentación de la época «nunca aparecen enfrentados a los romanos» (Luis Núñez, El euskera arcaico); ni siquiera «en los dos siglos que duró la conquista romana de Hispania» (Luis Amela, Las tierras navarras en época tardorrepublicana). 

Integrados en las legiones como jinetes auxiliares, fueron activos colaboradores en las guerras del Imperio. En los años 87 y 72 a. C. participaron en la guerra civil que enfrentó a Pompeyo (general romano del que tomó nombre Pamplona) con Sertorio, y durante la guerras cántabras, que cerrarían el dominio romano sobre la Península Ibérica, fueron «suministradores de todo tipo de infraestructuras para los ataques romanos por tierra y por mar, contribuyendo al abastecimiento de las tropas romanas y al acondicionamiento de sus vías de acceso» (Luis Núñez o. cit.). Junto con otros contingentes del valle medio del Ebro participaron (año 89 a. C.) en la batalla de Ascoli (costa italiana del Adriático), de tal manera que todos los nombres del “bronce de Ascoli” son hispanos. «Otra prueba de la buena relación entre vascos y romanos está en los restos hallados en Escocia y en otros lugares europeos donde se cita la participación vasca en las conquistas romanas» (Luis Núñez o. cit.).

Fruto de esta colaboración son las villae romanas de la zona media y baja de Navarra, probable propiedad de ex legionarios vascones o berones enriquecidos en las campañas militares. Entre ellas destaca la “villa de las Musas de Arellano”, una de las villae más importantes de Navarra. En sus proximidades, en la ermita de la Virgen de Unzizu, se encontró el único “carmen epigrafhicum” hallado en Navarra. Datado en el siglo I d. C., recoge el cumplimiento de un voto a Júpiter Apenino hecho por un tal Flavus después de regresar de un viaje a Roma.

  

El valle de Yerri desde el pueblo de Arizaleta. Al fondo a la derecha, Montejurra.

 

En el siglo V d. C. tuvo lugar la invasión de Hispania por los pueblos germánicos, lo que motivó la aniquilación de la cultura romana, de su estructura política y administrativa, de sus ciudades y villas, acabando con la “pax romana“ y sumiendo a Tierra Estella en un largo periodo de violencia, anarquía, inseguridad y hambruna. 

«En un principio […] las Vasconias se mantuvieron sin reaccionar o, al menos, pasivas ante los saqueos y tropelías que cometían en ellas los bárbaros. La primera aparición directa del pueblo vascón como enemigo (Jokin Lanz, “Los vascones y sus vecinos) y adversario peligroso en las fuentes escritas se sitúa en los albores del año 580 d. C. […]. Isidoro de Sevilla califica la lucha contra estos grupos como meros entrenamientos del ejército visigodo, “como si jugaran a la palestra”, dejando ver que en realidad no constituían un peligro serio, pero sí un mal endémico difícil de erradicar […]. El año 621 d. C., el rey visigodo Suintila dirigió una campaña contra los vascones, que, al decir del cronista sevillano, infestatum la provincia tarraconense. Según el autor, nada más ver al rey los vascones se rindieron arrojando las armas y entregaron obsides(rehenes), comprometiéndose a construir la civitas gothorum Ologicus (Olite) con sus manos y su esfuerzo tras jurar fidelidad y sumisión al monarca». 

«El año 653 d. C. el noble visigodo Froia se rebeló contra el rey Recesvinto, sacó a los feroces vascones de los montes Pirineos, y saqueando todo lo que encontraron a su paso» llegaron a sitiar la civitas de Caesaraugusta (Zaragoza), cuyo obispo, Tajón, se queja del «ensañamiento que mostraron […], realizando en el entorno innumerables destrucciones y acciones de rapiña, matando a numerosos cristianos y sacerdotes, así como llevándose multitudo captivi […]. Los vascones son retratados como un contingente relativamente bien organizado que intervine en la política del reino visigodo […], saliendo de su territorio a cometer acciones violentas de rapiña hasta que entraba en acción el ejército del rey, momento en que los vascones, tarde o temprano, se veían obligados a rendirse». Situación que perduró hasta la llegada de los árabes, que cogieron por sorpresa a Rodrigo mientras guerreaba con los vascones.

Durante este periodo la periférica Vasconia se había convertido en refugio de rebeldes visigodos, desertores de la justicia, y centro de reclutamiento de bandas de salteadores, conocidos como bagaudas“ (vagabundos), compuestas por campesinos, pastores, desertores y grupos urbanos desfavorecidos. Refugio que continuó con la invasión árabe, lo que conllevó una cierta aculturación al trasladarse a él la población hispano-visigoda del alto Duero y de la Rioja con su latín o su incipiente romance y su cultura mediterránea.

Territorio diverso desde la antigüedad, como señala Emiliana Ramos respecto de Álava (Sobre la lengua romance patrimonial en Álava), y seguiremos viendo: «La fuerte indoeuropeización de Álava es palpable en varios estratos: en la cerámica campaniforme del Calcolítico, cuyos hallazgos evidencian ya la vinculación de este territorio con la Meseta; en la influencia atlántica durante la Edad del Bronce –al calor de la cual se gestan las sociedades prerromanas de todo el norte peninsular, que llegarán hasta la Romanización–; y, finalmente, en la llegada de la cultura de los Campos de Urnas en el Bronce Final y en la Edad del Hierro, con un influjo más o menos directo de los celtíberos (castros). Las distintas oleadas indoeuropeas aportaron creencias, rituales, técnicas productivas, modos de asentamiento y construcción, lengua, onomástica y toponimia; un contacto y un movimiento continuos de diversos pueblos, lenguas y culturas».

 

Conocido por su relieve como “El león dormido” (1.244 metros), es el punto más occidental de la merindad de Estella, y sobre él se hallan los restos del castillo de Marañón. El monte se ve desde las proximidades de Santo Domingo de la Calzada, y la foto está tomada desde Laguardia, Rioja alavesa. A la derecha, la sierra de Codés con el monte Yoar.

  

«Francos y godos (José Mª Lacarra, La cristianización del País Vasco) hablan de la ferocidad y barbarie de esas gentes […], y mientras en las regiones vecinas la antigua civilización romana evoluciona […], el territorio montañés de las Vascongadas y Navarra permaneció aislado, con un tono de vida un tanto arcaizante […]Los vascones, según se deduce de los autores árabes, disponen de escasos recursos, se abastecen con dificultad, pasan hambre, y se lanzan con frecuencia al bandidaje […]. Todos ellos son prontos a la rebelión, y cuando son sometidos por la fuerza su sumisión es transitoria […]. Cuentan las crónicas que cuando Muza regresaba de Galicia, “invadió el país de los Vascos y penetró en el interior encontrando un pueblo semejante a los brutos”. Es decir, notan en los vascones un notable retroceso cultural»

La misma opinión tiene Paulino de Nola (año 393), que, en su correspondencia con Ausonio, ve poblada nuestra tierra de gente de costumbres poco pulidas (asilvestradas, vistiendo con pieles y viviendo en chozas cubiertas de paja) comparadas con las de su tierra natal, Burdeos. Opinión coincidente con la que reflejan los cronicones visigodos y los galo-romanos, que ven al vascón como un hombre feroz y silvestre, hábil en la guerra de guerrillas y en maniobras de retirada (Julio Caro Baroja, Los vascones y sus vecinos).

Referente a Vizcaya y Guipúzcoa en el siglo XII, extensible a la zona montañosa de Navarra, señala Lacarra que «si en esta época el país resulta espantable, lo es por su aislamiento, por su falta de caminos, por su falta de núcleos urbanos, por su total apartamiento de la civilización, que colocaban a sus gentes en un estadio cultural distinto al de los territorios que le rodeaban».

Coincide Julio Caro Baroja (Los Vascos): «Desde el siglo V al XII, por lo menos, quedó la totalidad del país sometida a un régimen social bastante anárquico. La circulación general, propia del Imperio (Romano), si no desaparece, se debilita muchísimo. Las ciudades pierden prestigio, y los límites orográficos cobran un sentido que antes no podían tener. Los campos, eje de la vida en su conjunto, se hallan dominados por oscuros jefecillos» que arbitrariamente imponen su ley.

 

En lo alto de este primer monte, el castillo de San Esteban de Deyo, hoy Monjardín. Al fondo, la sierra de Codés con el Yoar como punto más alto. «Parece que Deyo, al igual que la Berrueza, era una demarcación territorial más que un punto fortificado concreto. Señala la Crónica Albeldense que los musulmanes saquearon Deyo pero no tomaron ninguna de sus poblaciones ni castillos».

  

En la primera mitad del siglo VIII los musulmanes sustituyen a los visigodos en el dominio de Pamplona, y el territorio es codiciado por francos y leoneses, que intentan desalojar a los árabes. No siendo hasta el reinado de Sancho Garcés I (905-925), que en el año 909 conquista la fortaleza musulmana de Deyo (San Esteban de Deyo, hoy Monjardín), cuando la monarquía navarra se consolida y adquiere carácter efectivo.

A partir de esa conquista la tierra de Deyo marca una nueva frontera entre las tierras cristianas y musulmanas; punto de partida de las ofensivas pamplonesas contra los musulmanes de La Rioja, y de defensa ante sus ataques. Para ello, a lo largo de la cordillera que une la sierra de Cantabria y Montejurra se crea una cadena de pequeños castillos (Marañón, Punicastro, Arróniz, Dicastillo…), convirtiéndose Deyo, junto con la Berrueza, en uno de los territorios que articulan la monarquía pamplonesa. 

Territorio diferente e independiente de Pamplona, según consta en las crónicas y en la documentación de la época. Así lo reflejan la Crónica de Alfonso III y la Crónica Albeldense al citar los dominios de Sancho Garcés I: en el año 928, su hijo García Sánchez I (925-970) reinaba “in Pampilona et in Deiu”. Y en el 958, en su nombre, gobernaban Fortún Galíndez en Nájera y la reina viuda Toda Aznárez en Deio y Lizarrara (“Et Regina Toda donna in Deio in Lizarrara”, según consta en el Cartulario de Albelda). El año 928 también lo vemos como parte de la diócesis de Iruña: “Domnus Galindo episcopus similiter in Pampilona et in Deiu et in castro Sancti Stefani (Monjardín)regebar.

  

A partir de la conquista del castillo de Monjardín, el reino de Pamplona extendió sus dominios hacia el Sur y el Oeste, incorporando las tierras llanas de la Ribera y de La Rioja. En la foto, detalle de la Cruz de Monjardín. Cruz procesional de plata, de hacia el año 1200. Junto con el Evangeliario de Roncesvalles, son las únicas piezas de orfebrería románica que se conservan en Navarra.

 

«El fundamento de esta diferenciación es difícil de percibir. Pudiera ser (Javier Ilundáin Chamarro, Los fueros de Estella y San Sebastián. Iure Vasconiae) su identidad particular distinta de otros territorios o, quizás, que disponía de una cierta organización y entidad política antes de su incorporación al reino o como marca fronteriza (marcas fronterizas lo fueron el Ducado de Cantabria y el Ducado de Vasconia). La pervivencia de esta consideración podría indicar, también, que su incorporación a la monarquía pamplonesa se hizo en bloque, bien por la vía militar, bien por la diplomática. Sería un caso similar al de Aragón, integrado por alianza matrimonial, Álava, por vasallaje de sus señores, o Nájera, por conquista, territorios todos ellos que mantuvieron su entidad individualizada en las cláusulas del regnante».

Por su parte, José Mª Lacarra (Las relaciones entre el reino de Asturias y el reino de Pamplona. Estudios sobre la monarquía asturiana) nos dice que no está claro «si entre la zona alavesa y la de Pamplona hubo en el siglo IX otro territorio de autonomía política más o menos acentuada, que habría que localizar en las montañas de la zona de Estella: “Degius atque Berroza”  (Deyo y Berrueza). Jean de Jaurgain (1842-1920) lo dio por seguro, y aunque lo rebatió Louis Barrau-Dihigo (1876-1931), vuelve Gregorio de Balparda (1874-1936), en su documentada “Historia de Vizcaya”, a sostener ese mismo punto de vista, pensando que una zona de Estella –sede de la familia Jimena- dependió de la monarquía asturiana hasta que Sancho I Garcés creó el reino de Pamplona (905) con la ayuda de su pariente Alfonso III de Asturias».

«Balparda se inclinaba a situar a la familia Jimena en las montañas de Estella, en una especie de “condado navarro” emparentado con los Velas alaveses y dependiente del gobierno de Asturias. No faltan argumentos a favor de esta hipótesis, aunque no todos los que en su obra aduce este infatigable investigador tienen igual valor, y otros indicios parecen contradecirle».

«Un siglo más tarde –continúa Lacarra-, el Códice Albeldense no incluye al obispo de Pamplona en la enumeración que hace de los prelados del reino asturiano, y San Eulogio, en la carta que dirigió al obispo Willesindo de Pamplona (851), le envidia porque mientras él gime “bajo el impío yugo de los árabes, vos en Pamplona gozáis la dicha de ser amparado bajo el señorío del príncipe que reverencia a JesucristoEl príncipe cristiano que amparaba al obispo de Pamplona no era el rey de Asturias, cuyo poder se extendía hasta Álava, y tal vez hasta Deyo y Berrueza, sino un caudillo de la dinastía Íñiga».

 

Monte Yoar (1.417 m.), nevado. Es el segundo punto más elevado de la Merindad de Estella, en cuya cumbre está la divisoria entre Álava y Navarra.. A la derecha, la cruz de Peñaguda dominando Estella.

 

Julio Caro Baroja (Observaciones sobre el vascuence y el Fuero General de Navarra) apunta: «De “Enneco, cognomento Aresta” (824-852) dicen algunos textos que fue de “Viguria”: así García de Eugui, al que siguió Martín de Azpilicueta. El Príncipe de Viana le llama “señor de Abárzuza o de Bigorra”, y esta grafía y alguna otra fuente documental han hecho que se busque su nacimiento en Baigorri, Bigorre, etc. (poblaciones francesas), aunque en textos manuscritos de los que se aducen para leer “Bigorra” y hacer las reducciones referidas, se lea, en realidad, “Bigoria”. Ahora bien, un caudillo que da una hija a Muza, señor de Borja y Terrer, que se mueve siempre por la frontera oriental y meridional de la Cristiandad, en trato familiar con los Banu Qasi o Kasi, y que, según los textos árabes dados a conocer por Lévi-Provençal, era hijo de otro jefe que también se llamaba Enneco, muerto por los años de 780-785, y que ya tenía autoridad en la misma tierra en que él actuó, más parece que debía haber nacido en un ámbito, como el de Viguria y Abárzuza, que en país de ultrapuertos: y tan posible es, en teoría, que empleará un cognomen romance […], la palabra arista”, “aresta” o “ariesta” (gari bizarra para Larramendi)», que traducido al castellano es “filamento del trigo”, vulgarmente, raspa, y, actualmente, en zonas de la Ribera de Navarra, «envoltura seca del tallo del cáñamo o del lino que salta al espaldar» (Iribarren).

 

La Berrueza, otro de los valles del antiguo “Condado de Navarra” o “antigua Navarra”. La foto está tomada desde San Gregorio Ostiense, y muestra la parte occidental del valle. Al fondo, la sierra de Codés.

 

«La palabra “Navarra” –sigue Caro Baroja- ha dado mucho que pensar a los filólogos e historiadores, Campión planteó su estudio, preguntándose si era de origen vasco o no. Siguió hasta un punto a Ohienart, que la explicaba a base de “nava”, “naba” = llanura ". Campión pensó en un denominativo “navar”, que, con el artículo, denominaría al habitante de la región llana, frente al montañésPero yo creo más prudente seguir otra vía. “Naba” en suletino es también vertiente o depresión de terreno entre montañas: y si aceptamos, como Campión acepta, siguiendo al Príncipe de Viana  y coincidiendo con Yanguas, que el país llamado en un tiempo “Navarra” comprendía la parte más montañosa de la merindad de Estella, de la que se ha dicho algo, parece que esta acepción sería más adecuada que la de llana o llanada […]. Cabe imaginar dos soluciones más: 1. “Napar ha tenido un viejo significado en vasco, que ha desaparecido luego. 2. “Navar” es un elemento nominal, de tipo gentilicio en el más estricto sentido de la palabra (vasco o no). Digamos ahora en primer término, que “nabarr-a”, en vasco-navarro, es la reja del arado o “culter”. Se habla aún de un viejo tipo de arado conocido por “golde-nabarra” […]. En todo caso, creo que “nabar”, “napar”, desde el punto de vista geográfico, quiere decir algo semejante a “sierra” y no a “nava” = llanura»

José Yanguas y Miranda (Diccionario de antigüedades del reino de Navarra) señala al respecto: «tomando pues la palabra Nava y uniéndola a la de Yerri resulta casi lo mismo que, en diferente concepto, quiso probar el P. Moret; esto es que se llamó primero Navayerri, o valle de Yerri, y después por contracción Navaerri, y finalmente, Navarra, cuyo nombre se comunicó desde el principio de la reconquista a los pueblos y valles de Allín, Mañeru, Goñi, Améscoa y Guesálaz, que confinan con Yerri, y a Pamplona, cuya ciudad también confina y debió poblarse de Navarros desde que los moros fueron echados de ella».

  

A la izquierda, con la letra A, la “antigua Navarra” del Príncipe de Viana; a la derecha, el comedio de Pamplona. Este mapa ilustra lo que Yanguas y Miranda dice sobre el nombre de Navarra.

 

Condado navarro” que Carlos, Príncipe de Viana, lo convierte en el territorio origen del reino. Lo recoge y comenta Julio Caro Baroja en su obra “Observaciones sobre el vascuence y el Fuero General de Navarra”: «e llámase la antigua Navarra estas tierras; son á saber las cinco villas de Goñi, de Yerri, Valdelana, Améscoa, Valdegabol (según Yanguas y Miranda, es mala transcripción de Valdeguesálaz), de Campezo, e la Berrueza, e Ocharan (nombre que para algunos designaba a los valles de Améscoa Alta y de Arana, y para otros Echarren, en el valle de Mañeru, o Echávarri de Allín); en este día, una grant peina (gran peña) que está tajada entre Améscoa, Eulate, e Valdelana, se clama la Corona de Navarra (hoy se conoce como Ocomendía); e una aldea, que está al pie, se clama Navarin (¿puede ser Narcué, en el valle de Lana?)». Esto dice el Príncipe de Viana al delimitar las tierras de reconquista primera. Algunos niegan autoridad al texto, por tardío. Pero hay que observar: 1.°) que el Príncipe indica en presente, lo que “se llama antigua Navarra”. 2°) Que la pérdida de España se expresa en el prólogo del “Fuero General” de modo bastante parecido: "Entonz se perdió Espayna ata los puertos, sinon Galicia, las Asturias, et daqui Álava et Vizquaya, et de la otra part Baztan et la Berrueza et Deyerri et en Ansso, et sobre Iaca et encara en Roncal et Sarasaz et en Sobrarbe et en Aynssa". y 3.°) que la fórmu­la recuerda, en algo, la usada de manera más breve en el “Chronicon Sebastiani” (850) cuando trata de las tierras no conquistadas por los mo­rosAlaba namque Bizcai, Alaone et Urdunia a suis incolis reperiuntur semper esse possessae, sicum Pampilona, Degius est, atque Berroza». 

Crónica de Carlos, Príncipe de Viana.

«El Príncipe -continúa Caro Baroja- combina dos tipos de información. Pero al demarcar el contorno de la “Navarra vieja”, nos pone ante una verdadera unidad geo­gráfica; un país que, por el Norte, termina con el tajo inmenso de las sierras de Urbasa y Andía; que por el Sur presenta un sistema montañoso menos compacto, como defensa, pero siempre fuerte, el cual define tam­bién la existencia de la tierra más cálida y soleada de La Solana, es decir, el valle de Santesteban con sus nueve pueblos. La delimitación oc­cidental es más ambigua, porque incluye algún territorio que ha quedado como a caballo entre el antiguo condado de Álava y Navarra; pero la de­fensa geográfica occidental está bien representada por una serie de sierras y montañas alavesas. Por el Este también presenta este contorno grandes alturas, de tal suerte que el que hoy se coloque en la carretera de Estella a Pamplona, después de Izurzu, en el mirador de Echauri, comprende, de modo rápido e intuitivo, la diferencia geográfica que presentan la cuenca y el ámbito pamplonéscon respecto a la Navarra vieja, del mismo modo como desde el mirador de Lizarraga se entiende el significado del sistema montañoso nórdico de ésta, en relación con las comunicaciones también septentrionales de Este a Oeste, y así como, por otra parte, desde lo alto de la torre de Santa María de Ujué, mirando al Norte, al Este o al Sur, se en­tienden las relaciones de la zona oriental de la Reconquista con las tierras tudelanas e ibéricas, o con el Alto Aragón y el Alto Pirineo». 

Según Caro Baroja, los pueblos del norte a la llegada de los romanos. En lo que respecta a la Merindad de Estella, creo que la línea habría que traerla más al oriente, siguiendo, al menos, la antigua división entre los obispados de Calahorra y Pamplona, para ajustarla a los pueblos que habitaban la zona y a los límites dialectales que se aprecian en la toponimia. Si los romanos dieron nombres diferentes a los pueblos de las actuales Rioja, País Vasco y Navarra, fue porque vieron en ellos diferencias políticas, organizativas e idiomáticas distintas, que en cierta medida han perdurado hasta la actualidad. Así, la Merindad de Estella la poblaban vascones, várdulos y verones. 

 

Esta singularidad de Tierra Estella respecto al conjunto de Navarra viene de antiguo; de un territorio que cuando llegaron los romanos era diverso en lo social, lo político, lo étnico y lo lingüístico, diverso incluso dentro de lo que hoy es la Merindad de Estella: «el hecho de que las fuentes escritas se refieran a los vascones como “populi” y en algunas ocasiones se dirijan a su territorio en plural, Vasconias, podría deberse a que los propios vascones no constituyeran una sola comunidad, sino varias, independientes entre sí […], que formarían alianzas entre ellos para realizar acciones de cierta envergadura» (Jokin Lanz o. cit.). 

«La errónea tendencia historiográfica de asimilar a los vascones prerromanos como una comunidad políticamente unida a la llegada de los romanos (Jokin Lanz o. cit.) contrasta con las contradicciones que se dan en la actitud de los vascones durante las guerras sertorianas. Así, dentro de la comunidad científica va cobrando fuerza la hipótesis de considerar la existencia de varias comunidades vasconas dentro de la gran comunidad vascona, reflejando de esta manera la presencia de varias realidades diferentes dentro del territorio asignado a este etnónimo, lo cual indicaría, al menos, cierta diversidad política dentro del mismo […]. La Burunda y los valles más occidentales de la merindad de Estella serían parte del territorio várdulo» (formado por casi toda Guipúzcoa, y la parte E. de la llanada de Álava adentrándose por Tierra Estella). La Ribera estellesa estaba «bajo a órbita de los berones» (celtas casi puros que se extendían por una parte considerable de la provincia de Logroño), y la Ribera tudelana contaba «con fuerte presencia celtibérica».

El centro de una de estas comunidades podría ser el oppidum de Altikogaña, en Erául, emplazado estratégicamente en el corredor que comunica el Ega con las sierras de Urbasa y Andía. Se cree que acuñó su propia moneda entre los siglos II y I a. C., y según el arqueólogo Javier Armendáriz fue centro referencial de la zona hasta su destrucción por los romanos hacia los años 76 y 73 a. C. durante la guerra sertoriana.

Por su parte, Luis Núñez (o. cit.) nos informa de que «el territorio de los vascones, como explica el profesor Gorrochategui, fue lingüísticamente heterogéneo, pues en él se hablaban tres idiomas: el celtibérico en la zona occidental de Navarra, en el entorno de Estella, en la parte ribereña del Ebro y en la zona limítrofe con Álava (las zonas ribereñas de Álava y Navarra debieron hablar celtibérico antes del siglo primero y Caro Baroja duda de que se hubiese hablado euskera allí alguna vez); el ibérico en su zona oriental (alrededores de Javier y Ujué), en el occidente de la provincia de Zaragoza; y el euskera arcaico presumiblemente en todo el territorio vascón».  Conviene tener presente lo que categóricamente afirmó Luis Michelena: «ni todos los vascones eran vascófonos ni todos los vascófonos eran vascones».

Y parte de este mosaico lingüístico tenía su conexión en Tierra Estella: Uli(barri), con el significado de pueblo(nuevo), situado en la parte occidental de Tierra Estella, tiene sus dos componentes en dialecto vizcaíno-alavés (en dialecto navarro serían “iri” y “berri”). Y en las proximidades de Estella tenemos los pueblos de Zufí(a) y Zubi(elqui), cuya raíz, con el significado de “puente”, se debe a los dialectos vizcaíno-alavés y navarro, respectivamente. Mosaico lingüístico que se suma al étnico y político.

 

El monte Berain (1.493 m.), en cuya cima se encuentra la ermita de San Donato, que ahora da nombre al monte, es el punto más elevado de la merindad de Estella. La fotografía está tomada desde La Barranca o Sakana.

 

Avanzando en la historia, el año 1067 se produjo la “guerra de los tres Sanchos”, que enfrentó a Sancho Garcés IV de Navarra, a Sancho Ramírez de Aragón y a Sancho II de Castilla, nietos de Sancho Garcés III “el Mayor”, rey de Pamplona. Guerra en la que el castellano arrebató al navarro La Bureba, Pancorbo y Montes de Oca. 

Diez años después el monarca navarro fue asesinado en el barranco de Peñalén (Funes), ocasión que aprovecha el rey castellano Alfonso VI para intentar hacerse con Navarra, que en buena medida ocupa, pero ante la ofensiva de Sancho Ramírez, rey de Aragón, retrocede y se queda con La Rioja.

El resto de Navarra se incorpora a la Corona de Aragón bajo el cetro de Sancho Ramírez, que a partir de 1076 se intitula Rey de Aragón y de Navarra. Para consolidar su dominio, en octubre de ese año se hace con Sangüesa, situada en la órbita aragonesa desde que en 1063 Sancho Garcés IV el de Peñalén entregara a Ramiro I de Aragón las villas de Sangüesa, Lerda y Undués a cambio de su amistad, fidelidad, ayuda y consejo, y a continuación actúa sobre la comarca de Deyo, poblando Estella, para evitar, aunque no sólo, que esta tierra, que había mantenido una larga relación con el reino de Asturias, le creara algún problema. 

Sobre esta incorporación, Luis Javier Fortún y Carmen Jusué (Historia de Navarra. Antigüedad y Alta Edad Media) hacen algún matiz: «Alfonso VI necesitó la ayuda de Sancho Ra­mírez y, por tanto, tuvo que llegar a un acuerdo con él (1087). Se reconoció la incorporación a Castilla de los territorios ocupados en 1076: las tierras riojanas, Vizcaya, Álava, parte de Guipúzcoa y la zona comprendida entre el Ebro y el Bajo Ega. Sancho Ramírez vio reco­nocida su dignidad real y gran parte de sus conquistas en Navarra. Pero tuvo que prestar vasallaje a Alfonso VI por un conjunto de tie­rras situado en el núcleo originario de la mo­narquía, delimitado por el perímetro de Monjardín, Falces, Aibar, Leguín, Pamplona y qui­zás Erro. Este territorio recibió el nombre de "Condado de Navarra" y se encomendó al con­de Sancho Sánchez, nieto de García el de Nájera por línea bastarda».

 

San Vicente de la Sonsierra (de Navarra), hoy riojana, hasta finales de la Edad Media fue el punto más occidental de las “Tierras de Estella”.

 

Pasemos ahora al nombre, Degium, Degius, Deiu, Deio, Deyo, que pasó a ser denominado, sucesivamente, “Condado de Navarra, “Navarra vieja o “Antigua Navarra”, posteriormente “Tierras de Estella” y actualmente Tierra Estella (sin la preposición “de”, como Tierra Santa), nombre que viene a ser traducción literal de “terra Degense”. Conjunto de pequeñas aldeas campesinas insertas en un medio boscoso, dependientes, tierras y gentes, de un “señor”, que en ocasiones es el Rey, al que entregaban parte de la cosecha y le realizaban prestaciones personales en un régimen de semi-esclavitud. Aldeas de entre 10 y 15 hogares, sin comercio, moneda, ni actividad artesana, cuyos habitantes, cuando llegaban las razias árabes se dispersaban con sus ganados por los montes al no poder ser acogidos en los pequeños castillos que jalonaban la frontera.

Nombre que aún perdura en la toponimia actual: (valle de) Yerri, de Dei-erri “Tierra de Deyo”; Dicastillo, de Dei-castelum “Castillo de Deyo”; Yoar, punto más elevado de la sierra de Codés, y, probablemente en la antigüedad, como veremos en la tercera parte de este trabajo, Lizarrara.

Julio Caro Baroja (“Etnografía histórica de Navarra”) se interroga sobre su significado: «”Deio”, de “Degio” o “Degius”: la cuestión es saber qué es “Deio”». El mismo autor, en “Observaciones sobre el vascuence y el Fuero General de Navarranos dice: «no acierto a comprender qué es “Degius”», que citado por primera vez (858) en el «”Chronicon Sebastiani” (Salmaticensis Episcopi) parece más antiguo que “Deio” o “Deyo”». 

Por su parte, Salaberri (Unas breves notas acerca del nombre Deio), después de descartar que sea «un topónimo descriptivo similar a otros acabados en –io como Elorrio […], o que estemos ante un topónimo de origen antroponímico, es decir, basado en un nombre de persona, de formación similar a Labio, forma euskérica de Labiano», piensa que «en el origen del topónimo hay algo así como Debiano, Dediano, Tebiano, Tediano, o mejor, y puesto que el paso de –bi- > -i-, -di- > -i- no se puede explicar fácilmente según la fonética vasca, habría que admitir que el euskera partió de una forma evolucionada como Teiano, de donde Deiano (como Torrano / Dorrao), Deiao > Deio (paso similar al experimentado por nombres como Labio, Otxandio, Undio)».

«En Navarra –continúa Salaberri- no encontramos ningún nombre que pueda explicar la forma propuesta, pero en Pedrosa del Rey, en Cantabria, se documenta el genitivo Tedi, cuyo nominativo sería Tedus, de donde Tedanus Tedianus, origen del propuesto Teiano, con sufijo –anus, -ianus empleado en toponimia para designar la posesión, presente por ejemplo en Amillano […] nombre basado en el antropónimo Aemilius o Mamilius».

 

Laguardia formó parte de las “Tierras de Estella”, y su nombre completo era “La Guardia de la Sonsierra navarra”. En el sello de la población vemos el castillo (Laguardia es una población amurallada) y las llaves. Ambos elementos hacen referencia a la función que cumplía la población: defensa y llave del reino de Navarra ante Castilla.

 

Que me perdonen Caro Baroja y Salaberri: espero no errar si digo que las terminaciones –gium, -gius, son latinas, y también el radical De-, que lo relaciono “Deus”, derivado de la raíz indoeuropea que se expresa como dyew o deyw, fácilmente transformable en deiu, deio. De ser cierta mi opinión, estaríamos ante un territorio que, estando ocupada casi toda la totalidad de Hispania por los árabes, recibiría un nombre que lo singularizaba como territorio cristiano con entidad propia.

Territorio que, abarcando todo el Suroeste de Navarra, pasó a depender orgánicamente de Estella, dando origen a una entidad territorial diferenciada, denominada Tierras de Estella, comprendida entre Marcilla y Goñi por el Este, Laguardia y San Vicente de la Sonsierra por el Oeste, el Ebro al Sur, y el corredor del Araquil por el Norte, incluyendo la totalidad de La Rioja Alavesa, la Sonsierra riojana y las sierras de Andía y Urbasa. Denominación conocida, al menos, desde que Teobaldo I organizó el reino en cuatro merindades: Las Montañas, Sangüesa, Ribera y Estella.

La primera merma de este gran territorio se produjo cuando Carlos III creó la merindad de Olite (1407), pasando a depender de ella los pueblos de la de Estellasituados en la ribera del Arga (Andión, Larraga, Berbinzana, Miranda de Arga, Falces, Funes, Milagro, Artajona y Tafalla). La segunda gran merma se produjo cuando Castilla (1461) se apoderó del territorio comprendido entre la sierra de Cantabria y el Ebro, adjudicándolo a Álava (Rioja alavesa) y a La Rioja (San Vicente de la Sonsierra de Navarra). 

Hoy, la Merindad de Estella la forman 72 municipios, con una extensión de 2.067 Km2 que incluyen las sierras de Urbasa y Andía. Sus puntos más elevados son Berain, conocido en la actualidad como San Donato (1.494 m.) al Norte, y Yoar (1.414 m.), en la sierra de Codés, al Oeste. Entre sus pueblos, Munárriz (920 metros de altitud), en el valle de Goñi, y Lapoblación (961 metros), sólo son superados en Navarra por Abaurrea Alta (1.032 metros).

 

Plano de la merindad. Aunque ahora se confundan, la Merindad de Estella y Tierra Estella no abarcan ni significan los mismo, de la misma manera que la Cuenca de Pamplona no equivale a la Merindad de Pamplona. La Merindad es una antigua demarcación administrativa y política, que sigue teniendo vigencia en temas sanitarios y servicios, mientras que Tierra Estella es el ámbito de influencia del mercado de Estella. «El concepto de merindad parece que hay que subordinarlo al de “merino”; la palabra madre es “majorinus” o “maiorinus”, un título con varias acepciones en principio, pero de las cuales la que más puede servirnos ahora es la de las “Partidas” de Alfonso X, cuando se refiere a los que pone el rey para “hazer justicia sobre algún lugar señalado, assi como villa o tierra” […]. La merindad navarra, como vamos viendo, es una amplia circunscripción. A veces se habla de “merinia” y existe el cago de “sozmerino”» (Julio Caro Baroja, “La casa en Navarra”)

 

«La merindad de Estella es, sin duda, la consecuencia de la creación de un núcleo urbano que adquiere importancia a poco de ser creado y que se constituye en capital de un territorio de carácter bastante variado. En torno a la capital, Estella, en toda dirección, se hallan una serie de valles. Algo más al sur unos pueblos de ribera bastante diferentes y al oeste tierras que, en un momento dado, dejan de ser Navarra para agregarse a Álava [...]. Las transiciones son bruscas, los contrastes rápidos y una vez más en Navarra nos encontramos con que la unidad política o administrativa no refleja unidad fisiográfica […]. Puede, pues, decirse en síntesis, que el navarro medieval de la Ribera es un hombre más “urbano” que el navarro medieval de los valles, que vive en núcleos pequeños, en forma de aldeas por lo general o en pueblos-calle» (Julio Caro Baroja, La casa en Navarra)

A partir de la creación del distrito electoral único en Navarra (la Diputación Foral se componía de siete miembros, dos de los cuales correspondían a la merindad de Estella), la función organizadora de Estella desapareció, quedando el hospital García Orcoyen, los Juzgados, el Registro de la Propiedad y la Mancomunidad de Montejurra como únicos elementos comunes de la Merindad. En los últimos tiempos, en los que la Ribera Estellesa, o Ribera Alta, tiene una dinámica económica propia, la influencia deEstella se limita al ámbito de su mercado, cada vez más reducido. 

A ello se suma que Estella, por desidia, está perdiendo influencia sobre su territorio histórico. Dos ejemplos: el Consorcio de la Zona Media, con sede en Tafalla, incluye los pueblos del valle de Mañeru, y cuando me dispongo a lanzar este trabajo, leo en la prensa que se ha establecido un servicio de automóviles de cercanías, con sede en Tafalla, que incluye una línea que enlaza Lerín con Tafalla. Ni el valle de Mañeru ni Lerín han tenido relación con la ciudad del Cidacos, mientras que su vinculación con Estella ha sido evidente al pertenecer a su merindad.

 

 

mayo 2021.

 

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© Javier Hermoso de Mendoza